Versículos bíblicos sobre husbandman
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor á la mujer como á vaso más frágil, y como á herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas.
Pasajes bíblicos
Cada uno empero de vosotros de por sí, ame también á su mujer como á sí mismo; y la mujer reverencie á su marido.
Las casadas estén sujetas á sus propios maridos, como al Señor.
Maridos, amad á vuestras mujeres, así como Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella,
Maridos, amad á vuestras mujeres, y no seáis desapacibles con ellas.
Las mujeres asimismo, honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo.
Mas ni el varón sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor.
Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo.
Casadas, estad sujetas á vuestros maridos, como conviene en el Señor.
Los diáconos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas.
Empero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar á su mujer.
Así que, como la iglesia está sujeta á Cristo, así también las casadas lo estén á sus maridos en todo.
Mas á los que están juntos en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se aparte del marido;
El que halló esposa halló el bien, y alcanzó la benevolencia de Jehová.
Porque el marido infiel es santificado en la mujer, y la mujer infiel en el marido: pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos; empero ahora son santos.
El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido.
El labrador, para recibir los frutos, es menester que trabaje primero.
El que fuere sin crimen, marido de una mujer, que tenga hijos fieles que no estén acusados de disolución, ó contumaces.
A ser templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas á sus maridos; porque la palabra de Dios no sea blasfemada.
Porque como la mujer es del varón, así también el varón es por la mujer: empero todo de Dios.
La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: é igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer.
Porque nosotros, coadjutores somos de Dios; y vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios sois.
Mas á causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido.
ASIMISMO vosotras, mujeres, sed sujetas á vuestros maridos; para que también los que no creen á la palabra, sean ganados sin palabra por la conversación de sus mujeres,
Porque el varón no es de la mujer, sino la mujer del varón.
Mas quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo.
Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad;
Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel.
Quiero pues, que las que son jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen la casa; que ninguna ocasión den al adversario para maldecir.
(Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)
¿Y quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase á su casa, porque quizá no muera en la batalla, y algún otro la tome.
Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó.
Porque no permito á la mujer enseñar, ni tomar autoridad sobre el hombre, sino estar en silencio.
Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.
La casa y las riquezas herencia son de los padres: mas de Jehová la mujer prudente.
Así también los maridos deben amar á sus mujeres como á sus mismos cuerpos. El que ama á su mujer, á sí mismo se ama.
Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.
La mujer virtuosa corona es de su marido: mas la mala, como carcoma en sus huesos.
Si le tomare otra, no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el débito conyugal.
Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.
Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre, y se juntará á su mujer.
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