Versículos bíblicos sobre Suspicion
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.
Pasajes bíblicos
Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.
Porque he oído afrenta de muchos; miedo por todas partes, cuando consultaban juntos contra mí, é ideaban quitarme la vida.
Levantáronse testigos falsos; demandáronme lo que no sabía;
No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.
¿No demandaría Dios esto? porque él conoce los secretos del corazón.
Y los que buscaban mi alma armaron lazos; y los que procuraban mi mal hablaban iniquidades, y meditaban fraudes todo el día.
Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriéis, ni seáis mentirosos contra la verdad:
Y tendrás tu vida como colgada delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no confiarás de tu vida.
Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa sentiréis: mas el que os inquieta, llevará el juicio, quienquiera que él sea.
Porque no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones.
He aquí, yo conozco vuestros pensamientos, y las imaginaciones que contra mí forjáis.
Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él rebelión,
Y eso por causa de los falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para ponernos en servidumbre;
Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.
Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros;
Mas él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones?
El cual venido, le rodearon los Judíos que habían venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar;
Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.
Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;
Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas.
Por tanto hay lazos alrededor de ti, y te turba espanto repentino;
Porque temo que cuando llegare, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, disensiones, detracciones, murmuraciones, elaciones, bandos:
Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversación en Cristo.
Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
El temor del hombre pondrá lazo: mas el que confía en Jehová será levantado.
Guárdese cada uno de su compañero, ni en ningún hermano tenga confianza: porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda con falsedades.
No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio.
¿No juzgáis en vosotros mismos, y venís á ser jueces de pensamientos malos?
Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?
Aunque más digas, No lo mirará; haz juicio delante de él, y en él espera.
Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz.
Mandando á sus acusadores que viniesen á ti; del cual tú mismo juzgando, podrás entender todas estas cosas de que le acusamos.
Acecha el impío al justo, y procura matarlo.
Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la contienda, y cesará el pleito y la afrenta.
Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?
Y estando presentes los acusadores, ningún cargo produjeron de los que yo sospechaba:
Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía.
Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.
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