Versículos bíblicos sobre Temptation and Sin
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado.
Pasajes bíblicos
Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.
Y desearon con ansia en el desierto; y tentaron á Dios en la soledad.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias;
Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado está muerto.
Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno:
No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.
Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisiereis.
Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden á los hombres en perdición y muerte.
Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.
Pues tentaron á Dios en su corazón, pidiendo comida á su gusto.
Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.
Ni tentemos á Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.
Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley.
Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte.
Os he escrito esto sobre los que os engañan.
Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer á los que son tentados.
Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad es presto, mas la carne enferma.
Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí.
Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos á nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.
Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.
Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley.
No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,
Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.
¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás.
Jesús le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.
No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de Masa en el desierto;
Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.
Porque el pecado, tomando ocasión, me engañó por el mandamiento, y por él me mató.
¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros codicia para envidia?
Porque hablando arrogantes palabras de vanidad, ceban con las concupiscencias de la carne en disoluciones á los que verdaderamente habían huído de los que conversan en error;
Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones;
Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia.
Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis.
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,
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