Versículos bíblicos sobre Wrestling with God
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Y quedóse Jacob solo, y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.
Pasajes bíblicos
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.
Y pelearé contra vosotros con mano alzada y con brazo fuerte, y con furor, y enojo, é ira grande:
¿O provocaremos á celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él?
(Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas;)
Ceñísteme de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron.
¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces; ó tu obra: No tiene manos?
Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has herido tu asna estas tres veces? he aquí yo he salido para contrarrestarte, porque tu camino es perverso delante de mí:
Diré á Dios: no me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo.
Cíñete ahora como varón tus lomos; yo te preguntaré, y explícame.
Y como vió que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y descoyuntóse el muslo de Jacob mientras con él luchaba.
Y enojáronlo con sus altos, y provocáronlo á celo con sus esculturas.
Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo á Dios.
Nadie hay tan osado que lo despierte: ¿quién pues podrá estar delante de mí?
Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.
¿DE dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?
DISPUTA, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea con los que me combaten.
Teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís estar en mí.
Pero si tú vas, si lo haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque en Dios está la fortaleza, ó para ayudar, ó para derribar.
Sabed ahora que Dios me ha trastornado, y traído en derredor su red sobre mí.
Por cuanto él extendió su mano contra Dios, y se esforzó contra el Todopoderoso,
Que aun no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado:
Pues me ceñiste de fortaleza para la pelea; has agobiado mis enemigos debajo de mí.
Porque toda batalla de quien pelea es con estruendo, y con revolcamiento de vestidura en sangre: mas esto será para quema, y pábulo del fuego.
Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo:
Cercáronme y asediáronme: en nombre de Jehová, que yo los romperé.
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, á la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos.
¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz, sí, haga paz conmigo.
Postréme, pues, delante de Jehová cuarenta días y cuarenta noches que estuve postrado; porque Jehová dijo que os había de destruir.
Despertáronle á celos con los dioses ajenos; ensañáronle con abominaciones.
Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten.
Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor;
Y pelearán contra ti, mas no te vencerán; porque yo soy contigo, dice Jehová, para librarte.
Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.
Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que contienden conmigo.
Por tanto derramó sobre él el furor de su ira, y fuerza de guerra; púsole fuego de todas partes, empero no entendió; y encendióle, mas no ha parado mientes.
Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisiereis.
Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró;
Y caí en el suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Porque contra mí te airaste, y tu estruendo ha subido á mis oídos: pondré pues mi anzuelo en tu nariz, y mi freno en tus labios, y haréte tornar por el camino por donde viniste.
¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿á quién persigues? ¿á un perro muerto? ¿á una pulga?
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