Versículos bíblicos sobre Disciplina Espiritual
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Enseñándonos que, renunciando á la impiedad y á los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente,
Pasajes bíblicos
Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.
Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como á hijos; porque ¿qué hijo es aquel á quien el padre no castiga?
Antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que, habiendo predicado á otros, yo mismo venga á ser reprobado.
Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios;
Mas siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento á la obediencia de Cristo;
Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre á su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto.
No deseches, hijo mío, el castigo de Jehová; ni te fatigues de su corrección:
HERMANOS, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado.
Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis.
Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia á los que en él son ejercitados.
Siervos, obedeced en todo á vuestros amos carnales, no sirviendo al ojo, como los que agradan á los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo á Dios:
Tales cosas tienen á la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, y humildad, y en duro trato del cuerpo; no en alguna honra para el saciar de la carne.
Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.
Por otra parte, tuvimos por castigadores á los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos, ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.
Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.
Despierta además el oído de ellos para la corrección, y díceles que se conviertan de la iniquidad.
Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él reprendido.
Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas.
Y estando prestos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida.
AMONÉSTALES que se sujeten á los príncipes y potestades, que obedezcan, que estén prontos á toda buena obra.
ASÍ que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios.
Sujetados los unos á los otros en el temor de Dios.
Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia;
Que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor;
Siervos, obedeced á vuestros amos según la carne con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como á Cristo;
Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación:
Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación;
Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo;
Así que, si alguno se limpiare de estas cosas, será vaso para honra, santificado, y útil para los usos del Señor, y aparejado para todo buena obra.
HERMANOS míos, no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
Antes habiéndonos en todas cosas como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias;
Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
Y aquéllos, á la verdad, por pocos días nos castigaban como á ellos les parecía, mas éste para lo que nos es provechoso, para que recibamos su santificación.
Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.
Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.
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