Versículos bíblicos sobre Household
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa, lavará sus vestidos.
Pasajes bíblicos
(Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)
Los diáconos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas.
Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.
Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)
Quiero pues, que las que son jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen la casa; que ninguna ocasión den al adversario para maldecir.
Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
Y el que esté sobre el terrado, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa;
Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe negó, y es peor que un infiel.
Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor á la mujer como á vaso más frágil, y como á herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas.
Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde.
La casa y las riquezas herencia son de los padres: mas de Jehová la mujer prudente.
Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro: y asimismo unos para honra, y otros para deshonra.
A ser templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas á sus maridos; porque la palabra de Dios no sea blasfemada.
Y el que sobre el terrado, no descienda á tomar algo de su casa;
Empero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar á su mujer.
Y entrando en la casa, saludadla.
Púsolo por señor de su casa, y por enseñoreador en toda su posesión;
La maldición de Jehová está en la casa del impío; mas él bendecirá la morada de los justos.
Procurando las cosas honestas, no sólo delante del Señor, mas aun delante de los hombres.
Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
El linaje de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; el linaje de Simei por sí, y sus mujeres por sí;
Y alimentaba José á su padre y á sus hermanos, y á toda la casa de su padre, de pan, hasta la boca del niño.
Así que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien á todos, y mayormente á los domésticos de la fe.
Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros.
Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.
Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad;
En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa.
¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su familia para que les dé alimento á tiempo?
Pondrélos, pues, por guardas de la guarda de la casa en todo su servicio, y en todo lo que en ella hubiere de hacerse.
Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre, y se juntará á su mujer.
Pero si alguna viuda tuviere hijos, ó nietos, aprendan primero á gobernar su casa piadosamente, y á recompensar á sus padres: porque esto es lo honesto y agradable delante de Dios.
Porque el marido infiel es santificado en la mujer, y la mujer infiel en el marido: pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos; empero ahora son santos.
Ninguna obra haréis: estatuto perpetuo es por vuestras edades en todas vuestras habitaciones.
¡Ay del que edifica su casa y no en justicia, y sus salas y no en juicio, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo!
Entonces dice: Me volveré á mi casa de donde salí: y cuando viene, la halla desocupada, barrida y adornada.
Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,
Las casadas estén sujetas á sus propios maridos, como al Señor.
Y meterás la mesa, y la pondrás en orden: meterás también el candelero, y encenderás sus lámparas:
Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás.
Mas Cristo como hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retuviéremos firme la confianza y la gloria de la esperanza.
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