Versículos bíblicos sobre TÍTULO
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos:
Pasajes bíblicos
Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dice: Varones Israelitas, y los que teméis á Dios, oid:
Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.
Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.
Entonces toda la multitud calló, y oyeron á Bernabé y á Pablo, que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los Gentiles.
Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended:
Y ensálcenlo en la congregación del pueblo; y en consistorio de ancianos lo alaben.
¿Qué hay pues? La multitud se reunirá de cierto: porque oirán que has venido.
Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended:
Y llegado Jesús á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio,
Entonces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes á vosotros que á Dios:
Y le oyeron hasta esta palabra: entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra á un tal hombre, porque no conviene que viva.
Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron á ellos, diciendo: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
Y todo el pueblo venía á él por la mañana, para oirle en el templo.
Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerán más.
Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.
ENTONCES habló Jesús á las gentes y á sus discípulos,
Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado.
Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.
Y dijo: Anda, y di á este pueblo: Oid bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.
Así que, luego envié á ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado.
Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
Congréguense á una todas las gentes, y júntense todos los pueblos: ¿quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oir las cosas primeras? Presenten sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan: Verdad.
Y respondió todo aquel concurso, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme á tu palabra.
Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judíos, y nada he hablado en oculto.
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.
Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron.
Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.
Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados.
Porque á lo que pienso, Dios nos ha mostrado á nosotros los apóstoles por los postreros, como á sentenciados á muerte: porque somos hechos espectáculo al mundo, y á los ángeles, y á los hombres.
Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga.
Cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,
A los que pecaren, repréndelos delante de todos, para que los otros también teman.
Con todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus oídos y en los oídos de todo el pueblo:
Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir;
No nos encomendamos pues otra vez á vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis qué responder contra los que se glorían en las apariencias, y no en el corazón.
Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
Si alguno tiene oídos para oir, oiga.
Si alguno tiene oídos para oir, oiga.
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