Versículos bíblicos sobre Urgencia
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester. Y luego los dejará.
Pasajes bíblicos
Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate á mí, oh Dios: ayuda mía y mi libertador eres tú; oh Jehová, no te detengas.
Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensáis.
Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.
Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora.
Entonces vino un mensajero á Saúl, diciendo: Ven luego, porque los Filisteos han hecho una irrupción en el país.
Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba,
Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo.
Mas el fin de todas las cosas se acerca: sed pues templados, y velad en oración.
Por tanto enviad inmediatamente, y dad aviso á David, diciendo: No quedes esta noche en los campos del desierto, sino pasa luego el Jordán, porque el rey no sea consumido, y todo el pueblo que con él está.
Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.
Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.
Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos está más cerca nuestra salud que cuando creímos.
Y no escondas tu rostro de tu siervo; porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme.
Que no os mováis fácilmente de vuestro sentimiento, ni os conturbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el día del Señor esté cerca.
Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo ha menester: y luego lo enviará acá.
Mas cuando os entregaren, no os apuréis por cómo ó qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado qué habéis de hablar.
Y porque la palabra del rey daba priesa, y había procurado que se encendiese mucho, la llama del fuego mató á aquellos que habían alzado á Sadrach, Mesach, y Abed-nego.
ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos:
Los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos: acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!
Así que, luego envié á ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado.
Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio.
JEHOVÁ, á ti he clamado: apresúrate á mí; escucha mi voz, cuando te invocare.
Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder:
No escondas de mí tu rostro: en el día de mi angustia inclina á mí tu oído; el día que te invocare, apresúrate á responderme.
Buscad á Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.
Velad pues, porque no sabéis á qué hora ha de venir vuestro Señor.
OH Dios, acude á librarme; apresúrate, oh Dios, á socorrerme.
Y cuando te hubieren sobrevenido estas señales, haz lo que te viniere á la mano, porque Dios es contigo.
Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.
Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo.
(Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salud te he socorrido: he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud:)
No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.
Apresuréme, y no me retardé en guardar tus mandamientos.
Porque aun á Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces.
Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
Procura venir presto á mí:
Y los Egipcios apremiaban al pueblo, dándose priesa á echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.
Así que, pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüéis, y que nada hagáis temerariamente;
No salgas á pleito presto, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya dejado confuso.
Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
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