Versículos bíblicos sobre Mano
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fué restaurada.
Pasajes bíblicos
Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituída sana.
Entonces dijo á aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y fué restituída sana como la otra.
Tuyo el brazo con valentía; fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra.
Y, he aquí, una mano me tocó, é hizo que me moviese sobre mis rodillas, y sobre las palmas de mis manos.
Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies.
Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.
¿Por qué retraes tu mano, y tu diestra? ¿por qué la escondes dentro de tu seno?
Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.
Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos con el palmo; en llamándolos yo, parecieron juntamente.
Entonces de su presencia fué enviada la palma de la mano que esculpió esta escritura.
Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hombre que para ti corroboraste.
La diestra de Jehová sublime: la diestra de Jehová hace valentías.
Y apareció en los querubines la figura de una mano humana debajo de sus alas.
Y tomarás esta vara en tu mano, con la cual harás las señales.
Por lo cual alzad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
He aquí que en las palmas te tengo esculpida: delante de mí están siempre tus muros.
El es la cabeza de los caminos de Dios: el que lo hizo, puede hacer que su cuchillo á él se acerque.
Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos.
Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pie.
Mi mano será firme con él, mi brazo también lo fortificará.
Y tomándole por la mano derecha le levantó: y luego fueron afirmados sus pies y tobillos;
BENDITO sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos á la batalla, y mis dedos á la guerra:
Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Serte ha, pues, como una señal sobre tu mano, y por una memoria delante de tus ojos; ya que Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte.
Asimismo pondré su mano en la mar, y en los ríos su diestra.
Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua.
Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;
La cortarás entonces la mano, no la perdonará tu ojo.
Alcanzará tu mano á todos tus enemigos; tu diestra alcanzará á los que te aborrecen.
Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.
Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda riquezas y honra.
Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues á la faz de Jehová tu Dios, y ora por mí, que mi mano me sea restituída. Y el varón de Dios oró á la faz de Jehová, y la mano del rey se le recuperó, y tornóse como antes.
Dícele Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aun las manos y la cabeza.
En aquella misma hora salieron unos dedos de mano de hombre, y escribían delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la palma de la mano que escribía.
Y entiendan que esta es tu mano; que tú, Jehová, has hecho esto.
Y díjole más Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y como la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve.
¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo?
Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y á los que están conmigo, estas manos me han servido.
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