Versículos bíblicos sobre Yearning
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
Pasajes bíblicos
Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.
Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo.
Mi boca abrí y suspiré; porque deseaba tus mandamientos.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!
Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial;
DIOS, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas;
He aquí yo he codiciado tus mandamientos: vivifícame en tu justicia.
La esperanza que se prolonga, es tormento del corazón: mas árbol de vida es el deseo cumplido.
También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado: á tu nombre y á tu memoria es el deseo del alma.
Y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él fué consolado acerca de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro celo por mí, para que así me gozase más.
¡AY de mí! que he venido á ser como cuando han cogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, que no queda racimo para comer; mi alma deseó primeros frutos.
Mas ahora no teniendo más lugar en estas regiones, y deseando ir á vosotros muchos años há,
¡Quién me diera que viniese mi petición, y que Dios me otorgase lo que espero;
Mas nosotros, hermanos, privados de vosotros por un poco de tiempo, de vista, no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro.
Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; pero los que buscan á Jehová, no tendrán falta de ningún bien.
Extendí mis manos á ti; mi alma á ti como la tierra sedienta. (Selah.)
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir.
¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros codicia para envidia?
Y tú, hijo del hombre, gime con quebrantamiento de lomos, y con amargura; gime delante de los ojos de ellos.
¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días que Dios me guardaba,
Desfallecieron mis ojos por tu palabra, diciendo: ¿Cuándo me consolarás?
Porque sació al alma menesterosa, y llenó de bien al alma hambrienta.
Deseado he tu salud, oh Jehová; y tu ley es mi delicia.
Empero yo estoy á pique de claudicar, y mi dolor está delante de mí continuamente.
Mi alma asimismo está muy conturbada: y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; mas volverá á venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
Por eso pues ahora, dice Jehová, convertíos á mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto.
Mi alma espera á Jehová más que los centinelas á la mañana, más que los vigilantes á la mañana.
Orando de noche y de día con grande instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta á vuestra fe?
Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.
Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
El preso se da prisa para ser suelto, por no morir en la mazmorra, ni que le falte su pan.
Mira desde el cielo, y contempla desde la morada de tu santidad y de tu gloria: ¿dónde está tu celo, y tu fortaleza, la conmoción de tus entrañas y de tus miseraciones para conmigo? ¿hanse estrechado?
¿Te estarás quieto, oh Jehová, sobre estas cosas? ¿callarás, y nos afligirás sobremanera?
Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas á causa de su hermano, y procuró donde llorar: y entróse en su cámara, y lloró allí.
Pon asimismo tu delicia en Jehová, y él te dará las peticiones de tu corazón.
Porque Dios me es testigo de cómo os amo á todos vosotros en las entrañas de Jesucristo.
Como el siervo anhela la sombra, y como el jornalero espera el reposo de su trabajo:
Anda, y clama á los oídos de Jerusalem, diciendo: Así dice Jehová: Heme acordado de ti, de la misericordia de tu mocedad, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.
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