Versículos bíblicos sobre Amor y Deseo
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento.
Pasajes bíblicos
Y vieres entre los cautivos alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer,
¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros codicia para envidia?
Pon asimismo tu delicia en Jehová, y él te dará las peticiones de tu corazón.
El deseo de los justos es solamente bien: mas la esperanza de los impíos es enojo.
Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.
La esperanza que se prolonga, es tormento del corazón: mas árbol de vida es el deseo cumplido.
No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.
Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.
Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisiereis.
Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu.
Yo amo á los que me aman; y me hallan los que madrugando me buscan.
Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.
Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
Y amarás á Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder.
Por cuanto se alaba el malo del deseo de su alma, y bendice al codicioso, á quien Jehová aborrece.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatría:
Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.
¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.
Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; empero y á él y á ellas deshará Dios. Mas el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo:
Y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él fué consolado acerca de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro celo por mí, para que así me gozase más.
Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.
Y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como á sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios.
Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado.
El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.
Y deseará el rey tu hermosura: é inclínate á él, porque él es tu Señor.
Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón.
Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.
Así también los maridos deben amar á sus mujeres como á sus mismos cuerpos. El que ama á su mujer, á sí mismo se ama.
Para hacer heredar á mis amigos el ser, y que yo hincha sus tesoros.
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo: porque fuerte es como la muerte el amor; duro como el sepulcro el celo: sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.
Amaste la justicia y aborreciste la maldad: por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de gozo sobre tus compañeros.
El deseo de su corazón le diste, y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. (Selah.)
Pasando de ellos un poco, hallé luego al que mi alma ama: trabé de él, y no lo dejé, hasta que lo metí en casa de mi madre, y en la cámara de la que me engendró.
Y amó Isaac á Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba á Jacob.
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
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