Versículos bíblicos sobre Deseo
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros codicia para envidia?
Pasajes bíblicos
La esperanza que se prolonga, es tormento del corazón: mas árbol de vida es el deseo cumplido.
El deseo de los justos es solamente bien: mas la esperanza de los impíos es enojo.
Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.
Pon asimismo tu delicia en Jehová, y él te dará las peticiones de tu corazón.
Y vieres entre los cautivos alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer,
Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento.
Como el siervo anhela la sombra, y como el jornalero espera el reposo de su trabajo:
El deseo de su corazón le diste, y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. (Selah.)
No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.
Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu.
Pues tentaron á Dios en su corazón, pidiendo comida á su gusto.
Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisiereis.
DIOS, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas;
Por cuanto se alaba el malo del deseo de su alma, y bendice al codicioso, á quien Jehová aborrece.
Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Y desearon con ansia en el desierto; y tentaron á Dios en la soledad.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!
Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado.
¡Quién me diera que viniese mi petición, y que Dios me otorgase lo que espero;
Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.
Mi boca abrí y suspiré; porque deseaba tus mandamientos.
Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos: oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos.
Y Jonathán dijo á David: ¿Qué discurre tu alma, y harélo por ti?
Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
El deseo cumplido deleita el alma: pero apartarse del mal es abominación á los necios.
Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.
Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándole, y pidiéndole algo.
Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.
Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester.
Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado está muerto.
No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos á los otros, envidiándose los unos á los otros.
Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; pero los que buscan á Jehová, no tendrán falta de ningún bien.
Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial;
Y de las asnas que se te perdieron hoy ha tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿por quién es todo el deseo de Israel, sino por ti y por toda la casa de tu padre?
Lo que el impío teme, eso le vendrá: mas á los justos les será dado lo que desean.
Verálo el impío, y se despechará; crujirá los dientes, y se repudrirá: perecerá el deseo de los impíos.
Extendí mis manos á ti; mi alma á ti como la tierra sedienta. (Selah.)
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