Versículos bíblicos sobre Envejecimiento
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Esta colección es un punto de partida, no un recuento de todos los pasajes pertinentes de la Biblia.
Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes;
Pasajes bíblicos
Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.
Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán.
No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne: mas serán sus días ciento y veinte años.
Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte:
Los días de nuestra edad son setenta años; que si en los más robustos son ochenta años, con todo su fortaleza es molestia y trabajo; porque es cortado presto, y volamos.
Dije: Dios mío, no me cortes en el medio de mis días: por generación de generaciones son tus años.
Y aun hasta la vejez y las canas; oh Dios, no me desampares, hasta que denuncie tu brazo á la posteridad, tus valentías á todos los que han de venir.
Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece.
Murió pues Job viejo, y lleno de días.
Mas desde los cincuenta años volverán del oficio de su ministerio, y nunca más servirán:
Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor: Yo Jehová.
No habrá más allí niño de días, ni viejo que sus días no cumpla: porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años, será maldito.
Ellos perecerán, y tú permanecerás; y todos ellos como un vestido se envejecerán; como una ropa de vestir los mudarás, y serán mudados:
He aquí diste á mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.)
Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos.
Ellos perecerán, mas tú eres permanente; y todos ellos se envejecerán como una vestidura;
Enséñanos de tal modo á contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.
Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuánto tengo de ser del mundo.
Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
Y en mitad de la siesta se levantará bonanza; resplandecerás, y serás como la mañana:
Enterneceráse su carne más que de niño, volverá á los días de su mocedad.
Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; empero tú eres el mismo, y tus años no acabarán.
Corona de honra es la vejez, que se hallará en el camino de justicia.
Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.
Diciendo, Nuevo pacto, dió por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está de desvanecerse.
He aquí que el Señor Jehová me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos como ropa de vestir se envejecerán; los comerá polilla.
De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará á donde no quieras.
El hombre es semejante á la vanidad: sus días son como la sombra que pasa.
Llamó á todo Israel, á sus ancianos, á sus príncipes, á sus jueces y á sus oficiales, y díjoles: Yo soy ya viejo y entrado en días:
Tú me has arrugado; testigo es mi flacura, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro.
¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas?
¿Son tus días como los días del hombre, ó tus años como los tiempos humanos,
Y SIENDO Josué ya viejo, entrado en días, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún muy mucha tierra por poseer.
Y tú vendrás á tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
El temor de Jehová aumentará los días: mas los años de los impíos serán acortados.
Y era Moisés de edad de ciento y veinte años cuando murió: sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.
Era ya Eli de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían entenebrecido, de modo que no podía ver.
Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.
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